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320px Raffael 058Algunos alumnos me confiesan, durante el curso o, más a menudo, después de él (a veces, al cabo de los años), que la asignatura de filosofía les despertó, en la secundaria, a cuestiones antes impensables para ellos.

Algunos me han llegado a decir (sin duda, exageradamente) que antes de dar clases de filosofía apenas habían “pensado de verdad” en nada. A muchos los he visto cambiar de creencias, sufrir crisis religiosas, tener discusiones inauditas con sus padres y amigos, en parte debidas (según ellos) a la filosofía. Casi todos dicen salir de clase desorientados, pero también impacientes por volver, al día siguiente, a las preguntas nuevas y radicales que han brotado en el aula. Digo “radicales” porque afectan a la raíz de la existencia de cada individuo. Pensar casi por primera vez en lo que es el mundo y lo que pinta uno mismo en él, en la razón de las propias creencias, en lo que de verdad es verdad y mentira, en el bien y el mal, en lo justo y lo injusto, sin prejuicios, más allá de los tópicos al uso... Todo eso representa una experiencia insustituible e inolvidable para muchos de mis alumnos. Incluso los que aún no llegan a apreciar estos asuntos (no todo el mundo madura a la misma velocidad) se quedan “tocados”, intuyen que algo muy importante se está cociendo en las clases, y aunque no lo entiendan, entienden que ahí hay mucho por entender. Y que en ese entenderlo se juegan el cómo, el qué y el por qué de sus vidas.

Esto me escribe mi alumna Lucía Zancada, de 2º de bachillerato. No recuerdo una reflexión más atinada de lo que debe ser la filosofía, y de lo que en gran medida dejará de pasar en las aulas cuando se aplique la ley Wert. ¡Qué alegre tristeza!

"Todo el conocimiento adquirido en el curso, el mundo ideal de Platón, la virtud de Aristóteles, las contradicciones que se vuelven repentinamente complementarias en la época medieval con los problemas de fe y razón, la constante contraposición del empirismo y el racionalismo que Kant consigue sintetizar, la política y la concepción del ser humano de los autores ilustrados, el carácter revolucionario, social, justo, crítico y materialista de Marx, que predice el mundo que derivará del sistema capitalista burgués...
Toda esta cantidad de conocimiento, de aprendizaje, estas teorías... deriva en otra cosa.

Hoy publicamos una colaboración de Javier Ugarte Pérez, Doctor en Filosofía y profesor del IES "Cervantes" de Madrid.

"Las relaciones de la filosofía con la política siempre han sido difíciles. La nueva ley educativa del gobierno de Mariano Rajoy, que restringe seriamente las horas de filosofía en el currículum, es una nueva muestra de esas dificultades. Con el deseo de mejorar los resultados de las pruebas sobre evaluación del rendimiento de los estudiantes (Informes PISA), el gobierno del Partido Popular ha reducido el perfil de las materias que no se evalúan en tales pruebas, lo que también afecta a la música, el dibujo y la tecnología. Se intentan avanzar posiciones abandonando la formación integral del alumnado y a bajo coste, puesto que tal medida es paralela a un aumento continuado del número de alumnos por aula y la reducción del importe y número de becas; dado tal contraste cabe ser escéptico sobre el resultado final (cara a PISA).

eticabypacocasares“En un mundo podrido y sin ética a las almas sensibles solo nos queda la estética”, decía Makinavaja. Nuestro querido “último choriso” (ya nos gustaría que hubiera sido “el último”, o que los que roban robasen lo que él…) resultaba un tanto fatalista y algunos queremos seguir pensando que es posible cambiar las cosas a mejor. Hubo un tiempo en que la abolición de la esclavitud se antojaba utópica, y sin embargo en muchos lugares se acabó con ella… ¿No es posible que “nos caigamos del burro” y evitemos que lo que nos muestra Paco Casares en su historieta se haga realidad?

Paco Casares, nuestro colaborador de esta semana, no ha querido mostrarnos el futuro inmediato sino, de la misma forma que aquel espíritu del futuro de “Canción de Navidad” de Dickens, adelantarnos las consecuencias de nuestras acciones (u omisiones…) si no cambiamos de proceder. Con su habitual solvencia técnica y el talento que le permite escoger las imágenes adecuadas para impactar, nos sugiere que no cabe justificación para no educar en la reflexión sobre lo que es bueno o malo. Es lo que hace la ética. Y su ausencia no puede ser llenada por otros estudios (¿Saber más matemáticas, lengua o ciencias –caso de que se consiguiera- compensaría no pararse a pensar con rigor, como hace la filosofía, sobre lo que es justo o injusto?).

Esperemos que el fatalismo no nos sirva de excusa para no intentar cambiar las cosas, sobre todo aquellas por las que merece luchar (especialmente cuando llevar a cabo esa lucha es ya una forma de practicar aquello por lo que se pelea).

Puedes conocer mejor a nuestro autor de esta semana pinchando AQUÍ (reseña sobre Paco por Ángel Gª Nieto –By Tito-, no os la perdáis) o en su propio blog (AQUÍ)

Para más información si quieres colaborar enviándonos tu viñeta o historieta pincha AQUÍ. Puedes mirar las colaboraciones publicadas hasta ahora en exTreBeO o PDFEx.

Por Antonio Roguera

platon educacion ¿Quién fue Platón? Es posible que la enseñanza de la filosofía tenga cosas que mejorar. Es posible que para muchos alumnos el encuentro con el saber filosófico no supusiera necesariamente el nacimiento de un espíritu crítico que ayudase en la mejora de nuestra sociedad. Es posible, incluso, que algunos de los perpetradores de la última reforma educativa aprobaran en su época estudiantil la Historia de la Filosofía, estudiando en ella a Aristóteles o a Nietzsche, y memorizando (al menos para pasar un examen) que la racionalidad es lo que nos hace humanos, o que la ética no debe separarse de la política.

¿Quién fue Platón? Alguien que captó a la primera que la forma más directa y eficaz de conseguir una sociedad a la medida de determinados intereses es encauzando a los más jóvenes en la dirección adecuada, orientando su educación a conveniencia. Algo que, como puede suponerse, cabe usar para el bien o el mal.

filosofia jbravo 400Si hay un tema que ha denunciado con vehemencia la ciencia-ficción es el de cómo el ser humano, bajo la apariencia de avances o mejoras para la humanidad, se ha perjudicado a sí mismo a veces, provocando estancamientos (e incluso retrocesos) en el progreso histórico. Si eliminamos de la educación todo aquello que nos enseña a ser personas libres y autónomas y nos dedicamos a formar operarios “robóticos” es muy posible que ciertas historias de ciencia-ficción se conviertan en proféticas (Metrópolis, 1984, Un mundo feliz,…). ¿No está pasando ya en ciertos ámbitos de la vida?

La reflexión nos la sugiere la gran inspiración con la que nos sorprende nuestro amigo Jesús Bravo esta semana (solvencia gráfica aparte). Su colaboración en forma de “viñeta-fotograma” toma como referencia el cine para hacernos pensar en la pérdida que supone renunciar a la filosofía, renunciar a abordar las preguntas sobre quiénes somos y qué futuro queremos construir. ¿Qué límites deben tener la ciencia y la tecnología? ¿Acaso las bombas atómicas, el cambio climático o el consumismo, por ejemplo, no son el resultado de avances que se han desarrollado sin una debida reflexión filosófica y ética?

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